"Desnudarme ha sido fácil con tal entrevistadora
Hace de su talento un arte y uno no ve pasar las horas."
Merci belle Lully, merci beaucoup por las risas y la magia que hay en tu balcón.
miércoles, junio 27, 2007
jueves, junio 21, 2007
Y sin embargo...

De sobra sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y sin embargo un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido (lo confieso).
Tú que tanto has besado,
tú que me has enseñado,
sabes mejor que yo que hasta los huesos
sólo calan los besos
que no has dado,
los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño.
Perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y, sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a media noche encargo
un buen champagne francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra amor
nunca contigo,
bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera
en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño.
Perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
Y cuando vuelves hay fiesta en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día.
-Joaquín Sabina (Y sin embargo).
(Es muy difícil decidir cuál es la mejor canción de Sabina, pero creo que casi todos los sabinianos estaríamos de acuerdo en que la brillante Y sin embargo tendría que figurar en el top ten –o acaso en el top five- de sus mejores letras. Desde que la escuché por primera vez –en estado hipnótico y alelado- supe que se convertiría en una de mis favoritas. Se trata de una canción demasiado franca, irreverente y “políticamente incorrecta” -¿cuándo alguien le confesaría a su chica algo así y después seguiría todo como si tal cosa?- . Pero, sobre todo, la canción en realidad habla sobre algo más profundo: la infidelidad. Esa conducta de los seres humanos que se ha tratado de explicar desde muchas vertientes (sociales, psicológicas, biológicas, entre otras). ¿Por qué el ser humano es infiel? Es la pregunta que tarde o temprano todos nos hacemos. ¿Tendrá que ver la rutina? ¿Tiene que ver con el género? ¿Se tratará de un producto originado por la cultura? ¿Será algo inherente a la condición humana que, finalmente, no deja de ser, en su recoveco más profundo, animal, instintivo? ¿Acaso tendrán que ver, como argumentan algunos psicólogos sociales, esas dos fuerzas tan atractivas ambas al ser humano pero contrapuestas: la continuidad versus la diversidad? ¿O, como arguyen los economistas, se deberá al efecto de los rendimientos marginales decrecientes? No existe ninguna respuesta cien por ciento convincente, no obstante es algo que se da cotidianamente y que acaso solamente la literatura puede mostrar en toda su complejidad. Justamente como la letra de Sabina, que bucea en los oscuros desvanes del deseo.)
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y sin embargo un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido (lo confieso).
Tú que tanto has besado,
tú que me has enseñado,
sabes mejor que yo que hasta los huesos
sólo calan los besos
que no has dado,
los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño.
Perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y, sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a media noche encargo
un buen champagne francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra amor
nunca contigo,
bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera
en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño.
Perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
Y cuando vuelves hay fiesta en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día.
-Joaquín Sabina (Y sin embargo).
(Es muy difícil decidir cuál es la mejor canción de Sabina, pero creo que casi todos los sabinianos estaríamos de acuerdo en que la brillante Y sin embargo tendría que figurar en el top ten –o acaso en el top five- de sus mejores letras. Desde que la escuché por primera vez –en estado hipnótico y alelado- supe que se convertiría en una de mis favoritas. Se trata de una canción demasiado franca, irreverente y “políticamente incorrecta” -¿cuándo alguien le confesaría a su chica algo así y después seguiría todo como si tal cosa?- . Pero, sobre todo, la canción en realidad habla sobre algo más profundo: la infidelidad. Esa conducta de los seres humanos que se ha tratado de explicar desde muchas vertientes (sociales, psicológicas, biológicas, entre otras). ¿Por qué el ser humano es infiel? Es la pregunta que tarde o temprano todos nos hacemos. ¿Tendrá que ver la rutina? ¿Tiene que ver con el género? ¿Se tratará de un producto originado por la cultura? ¿Será algo inherente a la condición humana que, finalmente, no deja de ser, en su recoveco más profundo, animal, instintivo? ¿Acaso tendrán que ver, como argumentan algunos psicólogos sociales, esas dos fuerzas tan atractivas ambas al ser humano pero contrapuestas: la continuidad versus la diversidad? ¿O, como arguyen los economistas, se deberá al efecto de los rendimientos marginales decrecientes? No existe ninguna respuesta cien por ciento convincente, no obstante es algo que se da cotidianamente y que acaso solamente la literatura puede mostrar en toda su complejidad. Justamente como la letra de Sabina, que bucea en los oscuros desvanes del deseo.)
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